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El puño del otro mundo - Capitulo 2: La Llegada

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El castillo se sacudió con la noticia como se sacude un paño para quitarle el polvo. Las banderas se alzaron contra un cielo que amenazaba tormenta, las antorchas se multiplicaron en hileras de fuego nervioso por los pasillos y el heraldo dio la voz que pone en movimiento la maquinaria pesada de los hombres. Desde la sala del monarca, protegida por muros de piedra que habían visto pasar siglos, llegaron órdenes breves y secas: formar columnas, abrir la barbacana y enviar refuerzos inmediatos hacia la costa. No había tiempo para oraciones ni para despedidas; el aire pesaba con la urgencia del hierro y la necesidad de contener lo que fuera que había desembarcado. Las filas se prepararon con la mecánica del deber y el miedo. Cabalgaban jinetes cuyos caballos piafaban ante el olor a lluvia, avanzaban piqueros en bloques compactos y, junto a ellos, hombres de infantería que habían aprendido a sostener una lanza simplemente porque era lo que la comunidad exigía de ellos en tiempos de crisis....

El puño del otro mundo - Capitulo 1: La Llegada

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La isla no figuraba en las cartas de navegación. Era apenas un recordatorio de la insignificancia, una mota de roca y desolación perdida en la inmensidad del océano. Dos árboles raquíticos, cuyas ramas parecían garras suplicantes, se retorcían bajo un cielo de color ceniza. El oleaje golpeaba los peñascos con una furia monótona, deshaciéndose en una espuma densa que apestaba a salitre y a cosas muertas. No había huellas, ni senderos, ni el menor indicio de que un ser vivo hubiera reclamado aquel pedazo de tierra en siglos. Entonces, el cielo se fracturó. No hubo un trueno, sino un desgarro silencioso. La luz se condensó en un punto exacto sobre la playa, vibrando con una frecuencia que hizo que el aire pesara como el plomo. El cubo surgió de la nada, una pieza de geometría absoluta y brillo cegador que parecía haber sido arrancada de un mundo más ordenado y gélido. Su superficie no reflejaba el entorno; lo consumía. Un pulso electromagnético barrió la arena, sellando la conexión entre ...