El puño del otro mundo - Capitulo 2: La Llegada
El castillo se sacudió con la noticia como se sacude un paño para quitarle el polvo. Las banderas se alzaron contra un cielo que amenazaba tormenta, las antorchas se multiplicaron en hileras de fuego nervioso por los pasillos y el heraldo dio la voz que pone en movimiento la maquinaria pesada de los hombres. Desde la sala del monarca, protegida por muros de piedra que habían visto pasar siglos, llegaron órdenes breves y secas: formar columnas, abrir la barbacana y enviar refuerzos inmediatos hacia la costa. No había tiempo para oraciones ni para despedidas; el aire pesaba con la urgencia del hierro y la necesidad de contener lo que fuera que había desembarcado. Las filas se prepararon con la mecánica del deber y el miedo. Cabalgaban jinetes cuyos caballos piafaban ante el olor a lluvia, avanzaban piqueros en bloques compactos y, junto a ellos, hombres de infantería que habían aprendido a sostener una lanza simplemente porque era lo que la comunidad exigía de ellos en tiempos de crisis....