Go Live o Muere! - Capitulo 2

Andrés apretó el botón de encendido de la laptop corporativa y esperó. El logo de Robot Software House, una figura geométrica que pretendía simular un engranaje moderno, apareció en la pantalla con una resolución deficiente. El ventilador del equipo comenzó a zumbar con una intensidad que recordaba a una turbina vieja, vibrando contra la superficie del escritorio de metal gris. El aire en el sótano del Ministerio se sentía inmóvil, cargado de ese aroma a papel viejo y humedad que parecía filtrarse desde las paredes de concreto.

Pasaron diez minutos antes de que el cursor dejara de girar. Andrés intentó abrir la consola de comandos para configurar su entorno de desarrollo, pero una ventana emergente bloqueó la acción. El mensaje solicitaba una contraseña de administrador que él no poseía. Probó con combinaciones básicas: el nombre de la empresa, el año actual, incluso una serie de números correlativos. Nada funcionó.

—No pierdas el tiempo con eso, Pasante con Fe —dijo Joaquín, sin despegar la vista de su propio monitor.

Andrés giró la silla, que emitió un chirrido metálico estridente. Joaquín estaba recostado, con los brazos tras la nuca, observando cómo el joven forcejeaba con la máquina. A su lado, Maximiliano, a quien todos llamaban Shrek, soltó un bufido mientras acomodaba un estuche de cuero sobre su escritorio.

—Esa máquina viene bloqueada desde la sede central —continuó Joaquín, esbozando una sonrisa que no llegaba a ser amable. —Los Igea confían tanto en su talento heredado que prefieren que no toques nada, no vayas a instalar algo que no sea un salvapantallas de la empresa.

Andrés suspiró y decidió, al menos, revisar la documentación técnica en línea. Abrió el navegador y escribió la dirección de un buscador conocido. La pantalla quedó en blanco durante unos segundos hasta que apareció un escudo institucional del Estado con letras rojas: "Acceso denegado por política de seguridad del organismo". Probó con otros sitios de consulta técnica, foros de programación y repositorios de código. El resultado fue el mismo.

—¿Internet? —preguntó Andrés, mirando a Tito.

Héctor Leyton, a quien todos conocían como Tito, levantó la vista de una ruma de papeles impresos con fuentes de espaciado fijo. Se ajustó los anteojos y miró la pantalla de Andrés con una mezcla de cansancio y resignación.

—Aquí el internet es un recurso teórico, muchacho. —Tito señaló con el dedo un cartel amarillento pegado en una de las columnas de concreto. —El Ministerio considera que los portales de búsqueda son una distracción para el funcionario. Solo tenemos acceso a la intranet y a un par de sitios de noticias locales para que Don Genaro sepa qué pasa en el mundo sin salir de su oficina.

Andrés se frotó la cara. El zumbido de los servidores cercanos parecía haber subido de tono, una frecuencia constante que se instalaba en la base del cráneo.

—Necesito instalar los compiladores y bajar las librerías del proyecto —dijo Andrés, bajando la voz. —Sin permisos de administrador ni salida a red, no puedo ni compilar un hola mundo.

Tito dejó el lápiz sobre la mesa y se puso de pie. Caminó hacia un estante lleno de carpetas de lomo ancho y extrajo un fajo de hojas blancas. Eran formularios impresos con una matriz de puntos, con espacios para timbres y firmas que parecían diseñados para otra década.

—Bienvenido a la gestión de activos, Andrés. —Tito dejó el papel frente al joven. —Tienes que llenar este formulario por triplicado. El 4-B es para los permisos locales, el 7-C para el bypass del firewall. Una vez que lo firmes, tengo que llevarlo a la oficina de la Tía Gladys. Ella lo pondrá en la bandeja de entrada de Don Genaro.

Andrés tomó el papel. Se sentía áspero, como si hubiera estado guardado en una bodega húmeda durante años.

—¿Y cuánto tardan en habilitarlo? —preguntó.

Tito miró el reloj de pared, cuyas manecillas avanzaban con un tic-tac pesado.

—Si Gladys está de buen humor y Don Genaro no se queda dormido después del almuerzo, tres días —respondió Tito con una sequedad absoluta. —Eso si no consideran que tu solicitud es una amenaza a la soberanía digital del edificio. Mientras tanto, puedes leerte los manuales físicos que están en esa caja.

Shrek soltó una carcajada breve y amarga desde su puesto. Se giró levemente, lo suficiente para que su sombra cubriera parte del escritorio de Andrés.

—Tres días para una clave —dijo Shrek, mirando con desprecio la mochila de lona que Andrés había dejado en el suelo. —Espero que en tu universidad te hayan enseñado a esperar, porque con esa mochila tan humilde se nota que estás acostumbrado a las filas del transporte público. Aquí en el sótano el estatus se mide por la paciencia, no por el código.

Andrés no respondió. Se limitó a tomar el formulario y comenzó a completar sus datos personales con un lápiz pasta que apenas escribía. El silencio fue interrumpido por un ruido de estática. Matías, el sublíder del grupo, tenía un pequeño receptor de radio escondido entre dos monitores antiguos.

Matías pegó la oreja al aparato mientras sostenía el teléfono institucional contra el otro oído. Su rostro mostraba una concentración que Andrés no había visto en toda la mañana.

—Sí, sí... entiendo el requerimiento técnico, colega —decía Matías en voz alta, mirando de reojo hacia la puerta del sótano. —Pero dime, ¿cómo va el rendimiento en la quinta pista? ¿El ejemplar "Relámpago" mantiene la potencia en el último tramo?.

Joaquín le guiñó un ojo a Andrés.

—Gestiones de alta prioridad —susurró Joaquín. —Matías está validando la integridad de los flujos de información hípica. Si el servidor de apuestas se cae, él es el primero en detectarlo.

Tito se acercó de nuevo a Andrés y le puso una mano en el hombro. Sus ojos reflejaban una protección silenciosa, la de quien ya ha visto demasiados entusiastas estrellarse contra la burocracia estatal.

—Ignora el ruido, Andrés —dijo Tito en voz baja. —Mi trabajo aquí es filtrar las estupideces de los Igea para que ustedes puedan producir algo útil. Si Jose Igea te manda un correo pidiendo que el sistema "se vea rápido", tú asiente y sigue llenando el formulario. Aquí la velocidad es un concepto estético que solo le importa a la gente de arriba, a los que tienen sillas con todas las ruedas.

Andrés asintió. Terminó de llenar la primera copia del formulario y se dio cuenta de que el espacio para la justificación técnica era demasiado pequeño para explicar por qué un ingeniero necesitaba permisos para trabajar.

—Tito —llamó Andrés. —Aquí dice "motivo del acceso". ¿Pongo que es para el proyecto Batch?

—No —intervino Joaquín, acercándose con una taza de café que dejaba un rastro de sedimentos oscuros en el borde. —Pon que es para "cumplir con la normativa de auditoría interna según el decreto 402". Si usas palabras que suenen a castigo burocrático, Gladys no hará preguntas. Ella vive para el cumplimiento de las reglas, no para la eficiencia técnica.

Andrés escribió la frase dictada por Joaquín. Terminó de escribir la frase y apretó el lápiz hasta que la punta dejó una marca más oscura. Se levantó para entregarle los papeles a Tito, quien ya estaba preparando su propia carpeta para la incursión diaria en las oficinas del piso superior.

—Quédate aquí, Pasante con Fe —dijo Joaquín, volviendo a su asiento. —Mira cómo Miguel abre y cierra el mismo archivo de log. Es una técnica de meditación avanzada que solo se adquiere después de dos años en esta consultora.

Andrés volvió a sentarse frente a su laptop. El zumbido del ventilador era ahora el único compañero fiel. Decidió explorar las carpetas locales del sistema, buscando algo que pudiera leer sin necesidad de internet. Encontró un directorio llamado "Legacy_Back_Turk" en la raíz del disco duro. Lo abrió y seleccionó el archivo principal de configuración.

La pantalla se llenó de líneas de código escritas en un lenguaje que reconoció, pero la lógica estaba sepultada bajo una avalancha de textos de ayuda. Andrés frunció el ceño.

—Tito —dijo Andrés, sin apartar la vista del monitor. —¿Por qué los comentarios del código fuente están en un idioma que no parece español ni inglés?

Tito, que ya estaba en la puerta con el fajo de formularios, se detuvo. Regresó lentamente hasta el puesto de Andrés y se inclinó sobre la pantalla. Shrek y Joaquín también se acercaron, picados por la curiosidad.

En la pantalla, entre bloques de sentencias lógicas, se leían frases como "Bu fonksiyon veritabanı bağlantısını kontrol eder" y "Hata oluşursa sistemi kapat".

—Eso es turco —dijo Andrés, señalando las palabras con caracteres especiales.

Hubo un silencio prolongado en el sótano. El parpadeo de un tubo fluorescente sobre ellos acentuó la palidez de los rostros.

—¿Turco? —repitió Shrek, arrugando la nariz. —Eso debe ser una técnica de encriptación de alto nivel que tu mente de estudiante no alcanza a procesar.

Tito suspiró y se frotó las sienes con la mano libre.

—No es encriptación —murmuró Tito, con una voz que denotaba una derrota definitiva. —Es que el hijo del dueño compró un módulo base en un foro de subastas internacionales para ahorrar costos de desarrollo. Nadie se molestó en traducirlo porque, según ellos, el Backend nadie lo ve.

Andrés miró la pantalla y luego a sus compañeros. Joaquín soltó una risita nerviosa y volvió a su puesto sin decir nada. Shrek simplemente se encogió de hombros y comenzó a limpiar su teclado con un paño de microfibra.

El joven ingeniero se quedó solo frente al código extranjero. En el fondo de la sala, Matías celebró en voz baja una victoria en el hipódromo mientras el servidor del Ministerio emitía un pitido corto y seco, como si el propio edificio estuviera burlándose de la situación. Andrés volvió a mirar el código en turco. Nadie dijo nada. 


Este capítulo forma parte del primer arco de la novela. "Go Live o Muere!" escrita por Dante L. Silente

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Gracias por leer.

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